Al referirnos al concepto de calidad nos encontramos con que ésta posee un carácter multidimensional en el que se involucran diferentes percepciones y que varía de un contexto a otro. Particularmente, en lo relacionado con la educación superior el modelo del Consejo Nacional de Acreditación expone que "el concepto de calidad aplicado al servicio público de la educación superior hace referencia a la síntesis de características que permiten reconocer un programa académico específico o una institución de determinado tipo y hacer un juicio sobre la distancia relativa entre el modo como en esa institución o ese programa académico se presta dicho servicio y el óptimo que corresponde a su naturaleza".
La educación superior, está llamada a ratificar la pertinencia de su misión encontrando mecanismos y estrategias que le permitan dar un nuevo perfil a sus dos funciones más tradicionales: la formación profesional y la generación de conocimiento. En cuanto a la primera, los nuevos esfuerzos deberán organizarse sólida y flexible, que puedan desempeñarse con ténica en el proceso contínuo de frente a la segunda, deberá ratificar su vocación crítica respondiendo, por un lado, a las necesidades y demandas del entorno social y productivo, y por el otro, a las necesidades mas universales de la humanización, de tal modo que el conociemiento no solo alimente la modernización tecnológica, sino que también aporte a un desarrollo evolutivo de la sociedad en el sentido ético-político de la formación hunama.
La sociedad de éste siglo es consciente de que el desarrollo social y el crecimiento económico, se encuentran estrechamente relacionados con el perfeccionamiento y la modernización de su sistema de educación superior. Por lo tanto la universidad debe ser una institución autónoma y crítica, conocedora de las necesidades y movimientos sociales, de las demandas del mercado laboral y de los estilos imperantes de interaccion y desarrollo en contextos internacionales.
Si bien es cierto que durante los últimos decenios, el sistema educativo del país ha intentado responder a la creciente demanda, el aumento de las clases medias, el proceso de urbanización y las demandas de los mercados laborales, también lo es que el creciemiento de la educación superior en su conjunto, ha sido desordenado y no siempre ha estado acompañado de suficientes niveles de calidad. Dicho crecimiento, por otro lado, no ha estado completamente orientado por criterio de pertinencia social, y la proliferación sin control de muy diversas ofertas educativas, ha impedido imponer la responsabilidad social. Es necesario el equilibrio entre la excelencia académica y la responsabilidad social y la autonomía como rasgo fundamental de las instituciones comprometidas con el conocimiento.
Encontarar ese necesario equilibrio no va precisamente en contra de la diversidad en las misiones y proyectos que animan a las instituciones de educación superior, pero ésta diversidad se hace pertinente y legítima sólo en la medidad en que responde a los intereses de los estudiantes y las necesidades del entorno. La diversidad debe estimularse en el marco de un proyecto nacional que señale rutas comunes y propósitos de consenso.
Podemos decir, sin lugar a equivocarnos, que el hilo conductor necesario para el reestablecimiento de un equilibrio entre la autonomía universitaria, que debe ser reconocida y fortalecida, y de responsabilidad social derivada de las urgentes demandas del entorno, será necesariamente la incorporación del criterio de calidad en la articulación de la educación superior como sistema. Dicho criterio de calidad no está en relación solamente con un deber ser universal y relativamente abstracto, sino que se orienta también a establecer la coherencia entre las misiones y proyectos que la educación superior ofrece y anuncia a la sociedad interpretando sus necesidades, y su efectivo cumplimiento, que debe ser objetivamente evaluado a través de procesos legítimos desde el punto de vista académico y social. En este sentido, el criterio de calidad está necesariamente enriquecido con el de pertinencia y el de transparencia: La cuestión fundamental es si la misión de la universidad interpreta adecuadamente las necesidades del contexto y si la sociedad está suficientemente ilustrada sobre ella y sobre sus grados de cumplimiento.
Plantear la calidad como hilo condutor en la articulación de un sistema de educación superior significa no solo evaluar estándares y características de calidad y verificar su cumplimiento. Significa ante todo asegurar su presencia y sostenibilidad en el desarrollo de la educación superior. Por eso es preferible fomentar una cultura de la autoevaluación y de la autorregulación que, complementada con evaluaciones de carácter académico, pueda orientarse a la construcción de un modelo de aseguramiento de la calidad en Colombia.
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